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Muertes evitables

Existen cosas en la vida que van a ocurrir, hagamos lo que hagamos y nuestra intervención no modificará la tendencia de lo que pasará. Sin embargo, también existen cosas en las que sí podemos intervenir y podemos cambiar el rumbo de los acontecimientos. Este último es el poder que cada individuo tiene y que debe decidir si lo usa o no.

Algo similar pasa con la salud, la vida y la muerte. Existen muertes que son evitables y que no deberían ocurrir, tal como nos está pasando con las personas que fallecen por la COVID-19 o como recientemente pasó con el niño que estando dentro de un bus, el piso podrido no aguantó y se fue hacia abajo, pasándole las llantas y matándolo.

La mortalidad evitable se define como “los casos de muerte por procesos que disponen de tratamiento o medidas de prevención y que podrían haberse evitado si el sistema sanitario hubiera actuado correctamente en todos sus pasos”.

Por tanto, estando claro de que en la muerte evitable podemos impedir que ocurra, debemos hacer todo nuestro esfuerzo como ciudadano y como gobierno para que no se repitan estos fallecimientos. Cada muerto habla, nos dice claramente cómo murió y si se pudo haber salvado o no. Si no lo hicimos, lo mínimo que podemos hacer, por decencia humana, es aprender del error y tomar todas las medidas posibles para que no vuelva a ocurrir, trabajar en todos los mecanismos preventivos, caso contrario estamos sujeto a responder legalmente por dicha inoperancia y por ley debe seguirse estos casos y proceder como manda la justicia. 

Una muerte evitable que se repite no es nada más que el fracaso que expresa la inacción de los responsables. La normalización o sea la aceptación que la muerte es inevitable en todos los casos, es incorrecta, es una actitud pasiva y que no debe ser tolerada en una sociedad que busca la mejoría constante de su situación. 

Por otro lado, además de la muerte evitable, existe el indicador de exceso de muertes, que también te refleja, aquellos casos que fallecen por muerte evitable, porque a su vez son productos de no haber prevenido las mismas o la causa original que le dio lugar.

Por lo tanto, evite aglomeraciones, no sea tonto, no busque la enfermedad más mortal de los últimos cien años, recuerde que, aunque no presente síntomas, más adelante podría tener secuelas o daños que disminuirán su calidad de vida y todo por no asumir las medidas de prevención de la COVID-19. Aprendamos, evitemos más muertes innecesarias.

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