BEIJING, 27 may (Xinhua) — Cinco kilogramos de arroz no parecen mucho. Pero en la historia de la cooperación agrícola entre China y Guinea se han convertido en un pequeño pero tangible reflejo de cómo los esfuerzos conjuntos están mejorando la vida de las personas.
Recientemente, se entregó un saco de arroz híbrido producido en Guinea, país de África Occidental, a Deng Ze, esposa de Yuan Longping, el difunto “padre del arroz híbrido” de China.
El saco en sí era sencillo: tenía impresas las banderas de China y Guinea en el anverso y, en el reverso, un mensaje manuscrito del primer ministro de Guinea, quien describió el arroz como “un símbolo de la cooperación entre Guinea y China”.
Ligero y transportado a través de los océanos, su importancia radicaba, sin embargo, en otro aspecto: en el simple hecho de que el arroz híbrido chino ya se ha arraigado en suelo africano, cultivado mediante técnicas agrícolas locales, y ahora contribuye a mejorar las cosechas y el sustento de la población.
La contribución de China, especialmente en África, se define a menudo no solo por la asistencia a corto plazo, sino también por el aporte de experiencia en desarrollo, capacidad técnica y estrategias prácticas.
Esto es evidente en la cooperación agrícola entre China y África, caracterizada por su pragmatismo.
China no se limita a enviar grano, también colabora con socios locales para construir sistemas de riego, mejorar las variedades de semillas, controlar las plagas y aumentar la capacidad de producción.
En el marco de iniciativas como el Foro de Cooperación China-África y la Iniciativa de la Franja y la Ruta, el apoyo se ha centrado cada vez más en la infraestructura agrícola, el equipamiento y las cadenas de suministro.
En Guinea, expertos agrícolas chinos ayudaron a establecer el mayor parque de demostración de arroz híbrido de África, donde los rendimientos por temporada triplican los de las variedades locales tradicionales.
En Chad, un país azotado durante mucho tiempo por la escasez de alimentos, la introducción de técnicas de cultivo de arroz de alto rendimiento ha impulsado debates sobre la generación de ingresos por exportación de cereales.
En Madagascar, la imagen del arroz aparece en el billete de mayor denominación del país, en referencia al trabajo del equipo de Yuan Longping para mejorar los rendimientos y fomentar la autosuficiencia alimentaria.
Hoy en día, el arroz híbrido chino se ha introducido en más de 20 países africanos, convirtiéndose en un ejemplo visible de cómo la tecnología agrícola china se arraiga y prospera en África.
La propia historia de China ayuda a explicar por qué este pragmatismo tiene tanta repercusión.
China misma luchó contra la pobreza y el hambre durante mucho tiempo. Esa experiencia ha aumentado su sensibilidad hacia problemas similares que enfrentan otros países en desarrollo, ha reforzado la idea de que superar el hambre no es un esfuerzo de un día, sino una tarea a largo plazo, sistemática y sostenible.
Esa perspectiva también ayuda a explicar el modelo más amplio de cooperación para el desarrollo de China. La idea de “enseñar a pescar en lugar de dar el pescado” se cita a menudo en referencia a los proyectos de infraestructura de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Los ferrocarriles, puertos, carreteras, redes de riego e instalaciones energéticas pueden no generar beneficios inmediatos, pero transforman las condiciones para el crecimiento. Con el tiempo, las mejoras en la infraestructura y una mayor conectividad generarán un potencial de desarrollo tangible.
Otra característica definitoria de la cooperación entre China y África es el respeto.
La historia colonial dejó a muchas economías africanas estructuradas en torno a exportaciones limitadas destinadas a satisfacer la demanda externa. Incluso después de la independencia, el legado de la dependencia a un solo producto ha seguido lastrando el desarrollo en muchos lugares.
Hoy, aunque la era colonial ha terminado, la mentalidad colonial no ha desaparecido por completo. Parte de la ayuda occidental todavía se presenta con condiciones políticas, mientras que algunas formas de cooperación sirven principalmente a los intereses estratégicos de los países occidentales.
El verdadero respeto, en este contexto, no consiste en decidir por otros, sino en ayudarles a ampliar su capacidad de decisión.
La moral internacional no depende de eslóganes grandilocuentes, ni se deriva necesariamente de grandes narrativas. Con frecuencia, se materializa en una carretera, un puente, un pozo o un arrozal: en el proceso constante de permitir que las personas vivan vidas cada vez más estables y prósperas.
Es una verdad innegable que cuando un país ayuda a otros a alimentarse bien, cultivar alimentos con éxito, construir carreteras y mejorar sus condiciones de vida, su influencia se extiende naturalmente. Por eso, un saco de arroz de Guinea es el mejor testimonio de los principios de sinceridad, resultados concretos, amistad y buena fe entre China y África.

