Enfermedades

Mayores de 60 años deben vacunarse contra herpes zóste

La edad es el factor de riesgo más importante para padecer culebrilla. Con el paso de los años aumenta el riesgo de sufrir la enfermedad porque el sistema inmunológico de las personas se debilita.
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Mayores de 60 años deben vacunarse contra herpes zóste

El herpes zóster, comúnmente conocido como culebrilla, es una enfermedad causada por un virus inactivo en nuestro cuerpo, el virus de la varicela o lechina.

"Se trata de una erupción de la piel, muy dolorosa, que usualmente afecta a una mitad del cuerpo o de la cara. Afortunadamente hoy existe una alternativa para prevenir esta dolorosa enfermedad", asegura el doctor Edgard Rodríguez, gerente médico de MSD en Venezuela.

Según los resultados del Estudio de Prevención de Culebrilla, o SPS por sus siglas en inglés, en el cual participaron más de 38.000 personas mayores de 60 años, la vacuna para prevenir el herpes zóster ha demostrado que reduce en más de 51% el riesgo de desarrollar la enfermedad.

La consecuencia más común es un dolor intenso en los nervios que puede prolongarse por meses o incluso años después de que la erupción desaparezca.

La edad es el factor de riesgo más importante para padecer culebrilla. Con el paso de los años aumenta el riesgo de sufrir la enfermedad porque el sistema inmunológico de las personas se debilita.

Las personas que tienen un mayor riesgo de sufrir hérpes zóster son aquellos que padecen ciertos tipos de cáncer, como leucemia y linfoma; quienes se encuentran infectados por el VIH y el Sida o los que reciben fármacos inmunosupresores, como los esteroides o los que se utilizan en las personas que han recibido un trasplante de órganos.

Con cada década que pasa aumenta la probabilidad de que el virus de la lechina reaparezca en el cuerpo en forma de culebrilla. Por ello el uso de la vacuna está recomendado en las personas mayores de 60 años, "incluso en aquellas que han sufrido ya un episodio de herpes zóster" señala Rodríguez.

El dolor de la culebrilla se ha descrito como insoportable, persistente, quemante, punzante y como de descarga eléctrica, y puede ocasionar fatiga crónica, trastornos del sueño, depresión, anorexia, pérdida de peso o aislamiento social. Además, puede incluso llegar a interferir con actividades cotidianas como vestirse, bañarse, comer, cocinar o salir.