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“Laberinto virtual” detecta zonas cerebrales dañadas

Permite descubrir qué áreas están intactas, para prescribir actividades efectivas de rehabilitación. El proyecto, basado en psicología y neurociencias, con ayuda de la robótica, puede ser usado con un teclado y un monitor de computadora personal.
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“Laberinto virtual” detecta zonas cerebrales dañadas

Investigadores de la UNAM y de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) diseñaron un “laberinto virtual” que permite inferir qué zonas cerebrales funcionan de forma inadecuada debido a algún problema durante la gestación o el desarrollo.

El proyecto, creado por especialistas del Laboratorio de Psicología y Neurociencias de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en colaboración con ingenieros en robótica de la UAEH, puede ser usado con un teclado y un monitor de computadora personal.

El coordinador del proyecto, Alejandro Escotto, explicó que a partir de éste se ensayan estrategias neuropsicológicas y psicológicas para diagnosticar, de manera más certera, deficiencias en el desarrollo del sistema nervioso o lesiones cerebrales.

En nota difundida por Notimex (13 de noviembre de 2011), ejemplificó que para saber si funciona correctamente el lóbulo frontal, que se relaciona con la planeación, anticipación, formulación de estrategias y regulación consciente de la actividad, el “laberinto” contabiliza el tiempo que permanece la persona dentro de éste.

Asimismo, registra y cuantifica en forma automatizada y en fracciones de milisegundos el tipo de errores que comete, aunque en algunos casos se corrobora la alteración mediante electroencefalogramas y el mapeo cerebral, que también se aplica en ese laboratorio.

Los especialistas además utilizan otros instrumentos, como la Torre de Hanoi, y una gran batería de pruebas para evaluar funciones ejecutivas asociadas al lóbulo frontal, elaboradas por psicólogos de la máxima casa de estudios del país.

Alejandro Escotto explicó que estos materiales sencillos proporcionan información del modo en que la gente realiza sus actividades, y que ayudan a detectar las áreas involucradas en algún trastorno.

“Con esta información se determina qué funciones están afectadas; después se fijan entrenamientos específicos para reorganizar las funciones y para que use de otra manera ese órgano en actividades específicas”, añadió el experto.

Además expuso que no hay zona en el cerebro que trabaje exclusivamente en una sola actividad cotidiana como hablar, escribir o dibujar, entre otras, pues varias de ellas se involucran de manera simultánea en cada tarea, por lo que si se daña una, el proceso queda alterado.

A este respecto, agregó que tales pruebas permiten descubrir qué zonas están intactas y así  prescribir actividades rehabilitatorias efectivas.

En la actualidad, los especialistas del Laboratorio de Psicología y Neurociencias trabajan en un proyecto basado en el lenguaje interno (el habla con uno mismo) de niños y adultos, cuyo desarrollo facilita la regulación consciente de toda actividad.