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Convertido en puntal de la salud pública en Cuba, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología cumplió 25 años

Medio millar de científicos trabajan en los 70 mil metros cuadrados del CIGB. El primero de julio de 1986 Fidel Castro inauguró las instalaciones del CIGB en el oeste de La Habana con la firme intención de que “el futuro de Cuba tiene que ser de hombres de ciencia”, dijo en ese entonces.
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Convertido en puntal de la salud pública en Cuba, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología cumplió 25 años

La Habana. Dos décadas y media después de inaugurado, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba (CIGB) se ha convertido no sólo en un puntal de la salud pública del país, sino en un importante renglón económico. Desde que el entonces presidente Fidel Castro la inauguró el primero de julio de 1986, la moderna institución del oeste de La Habana ha desarrollado una treintena de productos de ingeniería genética y biotecnología.

“El futuro de Cuba tiene que ser de hombres de ciencia”, dijo previsoramente Castro hace un cuarto de siglo, cuando el Polo Científico del oeste de La Habana, que ahora concentra a 27 instituciones, entre ellas el CIGB, comenzó a recibir una inversión cercana a mil millones de dólares y 2 mil millones de pesos (igual a dólares al cambio oficial).  
Aunque desde el inicio esa concepción del líder cubano comenzó a dar frutos como el interferón, primer producto desarrollado por el CIGB, las inversiones iniciales fueron saldadas ya con creces, especialmente en los últimos años, cuando la producción se consolidó con la elaboración de 20 nuevos productos, informó la agencia Xinhua el 26 de junio de 2011.

 

En mayo de 1981, los científicos cubanos lograron producir interferón en un laboratorio improvisado también a toda velocidad, para aplicarlo con éxito en el enfrentamiento a una epidemia de dengue hemorrágico, que tuvo un sospechoso origen y cobró varias vidas de niños. Unos años antes, Castro se había reunido en La Habana con el profesor Random Lee Clark, del Hospital Anderson, en Houston, Texas, quien vino a la isla en compañía del congresista afroestadounidense Mickey Lever, ya fallecido.

Castro, quien estaba al tanto de los últimos avances de las ciencias médicas, intercambió impresiones con los visitantes sobre el interferón, y del encuentro salió la idea de que Cuba adquiriera algunas dosis para aplicarlas en la lucha contra el cáncer.

Tras el diálogo entre Castro, Lever y Clark, dos científicos cubanos viajaron a Texas para adquirir el medicamento, pero no pudieron hacerlo por hallarse en fase de ensayo clínico, por lo que quedó entonces cómo única alternativa aprender a producirlo localmente, pero para eso había que contactar con el profesor finés Kari Cantell, único en el mundo que hasta esa fecha había conseguido el preparado.

Cantell aceptó entrenar a investigadores cubanos y, aunque el profesor finés esperaba a sólo dos aprendices, aparecieron seis en Helsinki, lo que levantó dudas en el ánimo del investigador europeo. Después del curso en la capital finesa, los cubanos regresaron a La Habana con la idea de producir concentrados leucocitarios a partir de donaciones de sangre, y para eso, en una semana se habilitó una casa como laboratorio. Apenas seis semanas después de comenzar a trabajar en aquel lugar se obtuvo el primer lote para asombro de Cantell, quien lo calificó como un verdadero récord.

Sin embargo, como no podían garantizarse las cantidades necesarias de sangre hubo que recurrir a la ingeniería genética y aumentar el número de científicos dedicados a la producción del interferón, lo que ahora se considera como el primer paso de la biotecnología en la isla, cuyo estilo de trabajo está regido por la máxima de que “cada hora perdida puede costar vidas humanas”.

En la actualidad, más de medio millar de científicos trabajan en los 70  mil metros cuadrados del CIGB, instalación que ha logrado un alto reconocimiento internacional con productos como la vacuna contra la Hepatitis B, aprobada y certificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Otros éxitos resonantes han sido la inmunización contra el “Haemophilus influenzae”, primera vacuna sintética del mundo; la estreptoquinasa recombinante contra infartos y un interferón contra la cirrosis hepática y el cáncer del hígado. Los más recientes triunfos de los investigadores cubanos son las vacunas Heberpenta, una pentavalente contra la difteria, tétanos, tos ferina, hepatitis B y “Haemophilus influenzae” tipo B, y Heberprot-P, único medicamento en el mundo que acelera la curación de las úlceras del pie diabético y reduce el riesgo de amputación de las extremidades.

El reto actual del Centro es abrirse camino en el complejo y competitivo mercado del primer mundo, y para eso tienen actualmente varias vacunas en desarrollo y otras en proyecto, las que deben ver la luz en plazos relativamente breves y que, según los directivos de la institución, tienen perspectivas comerciales muy similares a las anteriores.

En la medida en que el CIGB logre ese objetivo se consolidará como el primer renglón exportable no tradicional de la economía cubana, y su aporte a las arcas estatales será de una magnitud creciente, tan creciente como nunca se ha sido visto en una nación del llamado tercer mundo.