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Descubren zonas del cerebro que se activan con el humor

Un reciente estudio publicado da cuenta de cuáles circuitos del cerebro se activan con los chistes, lo que pudiera representar un hallazgo importante en el tratamiento de las personas en estado vegetativo.
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Descubren zonas del cerebro que se activan con el humor

Para cartografiar los mecanismos, los científicos hicieron escuchar a 12 personas diestras de entre 18 y 35 años conjuntos de 23 frases con significados no ambiguos, poco ambiguos, ruido, y chistes o juegos de palabras (en inglés) como el siguiente: Why don`t cannibals eat clowns? Because they taste funny. (¿Por qué los caníbales no comen payasos? Funny admite dos significados, de modo que la respuesta sería: Porque tienen gusto divertido/raro).

Después de la sesión, cada participante fue entrevistado y se le pidió que otorgara a cada oración un puntaje de uno a siete de acuerdo con la gracia que le provocaba.

La investigación fue realizada por el neurocientífico argentino Tristan Bekinschtein y sus colegas Matthew Davis, Jennifer Rodd y Adrian Owen, y fue publicada en Journal of Neuroscience.

Según los investigadores uno de los resortes que mueven a la sonrisa es la ambigüedad semántica, especialmente cuando en ciertas frases la palabra con doble sentido se encuentra al final.

"Lo que vimos es que cuando ambos sentidos quedan `abiertos`, y ninguno prevalece sobre el otro, esa frase nos hace reír", comenta Bekinsch-tein desde Cambridge, donde trabaja en la Unidad de Cognición y Neurociencias del Consejo de Investigaciones Médicas de Gran Bretaña.

"Ya desde 2001 existen estudios que intentan explorar los mecanismos cerebrales del humor", cuenta el neurocientífico argentino. Pero solo fue posible comenzar a contestar la pregunta de por qué ciertas cosas nos resultan graciosas, con la utilización de las imágenes de resonancia magnética funcional, las cuales permiten registrar qué regiones del cerebro se activan ante determinados estímulos.

"Las frases que resultaban graciosas eran aquellas en las que la palabra ambigua estaba al final", cuenta Bekinschtein. "En esos casos, si los diversos significados son relevantes y siguen siendo plausibles, no hay resolución de la incongruencia, porque no prevalece uno por sobre los demás y es como que todos quedan `tintineando en el cerebro`".

Las imágenes de resonancia magnética mostraron activación en gran parte de la red del lenguaje. Pero al parecer los chistes y la ambigüedad semántica tocan otros resortes.

"Es algo muy sutil", explica el científico. "Parecería que este tipo de bromas activan algunos circuitos más que una frase cualquiera. Y también las áreas vinculadas con la recompensa y la emoción". De acuerdo a Bekinschtein el tratar de controlar las bromas era un desafío porque no se sabía qué era lo que tenían de especial.

"Queríamos entender qué es un chiste, y encontrar qué es lo gracioso era bastante complicado", agregó.

Con numerosas publicaciones en revistas internacionales que llevan su firma, el neurocientífico Bekinschtein se dedica desde hace varios años a explorar los meandros de una condición denominada "estado vegetativo y de mínima conciencia". Ese fue su punto de partida para encarar la investigación sobre el humor.

"Los padres de estos pacientes suelen preguntar: `¿Siente algo?`. Y uno no sabe qué contestar", cuenta el científico desde el Reino Unido. "Con estos resultados, ya sabemos qué buscar en las imágenes cerebrales. Si se activan estas áreas, quiere decir que ellos están entendiendo el lenguaje, interpretando una broma y tal vez sintiendo placer, aunque no puedan demostrarlo", concluyó.