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Enfermedad renal mata a miles de personas en América Central

Muchas de las víctimas mortales eran obreros o peones de las plantaciones de azúcar que cubren buena parte de la zona costera. Pacientes, médicos y numerosos activistas dicen que los causantes del mal son las sustancias químicas que los trabajadores han usado por años sin ninguna de las protecciones comunes en los países desarrollados.
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Enfermedad renal mata a miles de personas en América Central

Una misteriosa epidemia de deficiencias renales está devastando la costa pacífica de América Central y ha matado a más de 24 mil personas tan solo en El Salvador y Nicaragua desde el año 2000. Hay quienes culpan a los pesticidas, pero las causas podrían ser más complejas y estar relacionadas con los hábitos de trabajo de esas personas.

La situación cobró una gravedad tal que la ministra de salud de El Salvador, María Isabel Rodríguez, pidió ayuda internacional el año pasado, diciendo que la epidemia desbordaba el sistema de salud.

Muchas de las víctimas mortales eran obreros o peones de las plantaciones de azúcar que cubren buena parte de la zona costera. Pacientes, médicos y numerosos activistas dicen que los causantes del mal son las sustancias químicas que los trabajadores han usado por años sin ninguna de las protecciones comunes en los países desarrollados.

La raíz de la epidemia, según algunos científicos, parece yacer en la naturaleza del trabajo que hacían los afectados, campesinos, obreros de la construcción, mineros y otros que trabajaban hora tras hora sin beber suficiente agua bajo altas temperaturas, sometiendo a sus cuerpos a repetidas deshidrataciones e insolaciones. Muchos trabajaban desde los diez años.

La agotadora rutina parece ser uno de los detonantes de la deficiencia renal crónica, un mal asociado normalmente con la diabetes y la hipertensión, dos enfermedades que no aparecen en la mayoría de los pacientes centroamericanos.

“La evidencia refuerza esta idea del trabajo manual y una hidratación insuficiente”, dijo Daniel Brooks, investigador y profesor asociado de epidemiología de la Universidad de Boston, quien trabajó en una serie de estudios de este mal según la agencia AP.

Dado que el trabajo duro y el calor intenso son fenómenos bastante comunes en América Central pero no todo el mundo contrae el mal, algunos investigadores no descartan factores de origen humano.

Pero, a su vez, no han surgido pruebas sólidas del papel de los pesticidas y otras sustancias químicas.

“Yo creo que todo indica que no son los pesticidas”, dijo la doctora Catharina Wesseling, una experta en epidemias y directora regional de Programa sobre Trabajo, Salud y Medio Ambiente de América Central citada por AP.

En Nicaragua la cantidad de muertes por la deficiencia renal crónica subió de 466 en 2000 a 1.047 en 2010, según la Organización Panamericana de la Salud. En El Salvador ese organismo registró un incremento parecido, de 1.282 casos en el 2000 a los 2.181 de 2010.

Más al sur, en las plantaciones de azúcar de Costa Rica, también se han registrado agudos aumentos en la incidencia del mal renal, según la médica Wesseling, al tiempo que las estadísticas del organismo panamericano indican que en el caso de Panamá las cifras están subiendo, aunque a un ritmo más lento.

El incremento en las estadísticas de la enfermedad podrían obedecer a que ahora se lleva mejor la cuenta de los casos, pero los científicos dicen que no hay dudas de que está ocurriendo algo mortal, algo que la medicina no conocía.

En naciones con sistemas de salud más avanzados, el mal que afecta la capacidad del riñón de limpiar la sangre es diagnosticado tempranamente y tratado con diálisis en clínicas. En América Central, muchas de las víctimas se tratan a sí mismas, en casa, con formas de diálisis más baratas y no tan eficientes, o siguen adelante sin diálisis.

Con información de AP