Enfermedades

Fibromialgia la enfermedad invisible que se sufre

Esta patología puede comenzar en la infancia e irse agravando a través de los años con la aparición de nuevos síntomas, una enfermedad neuroinmune que compromete a todos los sistemas del organismo.
fibromialgia.jpeg

La fibromialgia es una enfermedad crónica e invalidante de causa desconocida y sin tratamiento eficaz

La fibromialgia no se ve, se sufre. La fibromialgia es invisible, pero las casi tres millones de personas que la padecen solo en España no lo son. Una realidad que sigue creciendo, que no entiende de clases sociales, nivel cultural, edad, ni punto cardinal. Puede empezar en la infancia e irse agravando con los años con la aparición de nuevos síntomas.

Lejos de ser psicológica, las últimas investigaciones a nivel mundial apuntan a que es una enfermedad neuroinmune y por consiguiente compromete a todos los sistemas del organismo, pudiendo aparecer hasta más de treinta síntomas diferentes. Los más invalidantes son el dolor y la fatiga crónica, reseña la agencia EFE.

El hecho de que se haya negado durante tanto tiempo la realidad de esta dura enfermedad ha causado un daño físico y moral irreparable en muchos afectados.

A nivel sanitario se ha abusado de la polimedicación y se han creado personas farmacodependientes y el hecho de hacer creer a su entorno y a la sociedad “que no tiene nada”, ha tenido como consecuencia rupturas familiares, mobbing, despidos laborales y sentencias desfavorables de incapacidad laboral. Cuando, por todos estos daños colaterales, el paciente se ve sumergido en una depresión, aquel que sigue obcecado en negar la evidencia se ratifica en que “su problema es psicológico”.

La fibromialgia ha pasado de ser un problema sanitario a ser un problema social. Afecta al 5,4 % de la población, el 92,7 % son mujeres en riesgo de exclusión social.

La fibromialgia no es solo dolor, como dicen algunos, como si eso fuera poca cosa. Afecta a todo el organismo por lo que el paciente deambula de especialidad en especialidad médica, durante años, hasta conseguir, por fin, un diagnóstico que tampoco sirve de mucho porque la medicación que se prescribe no hace desaparecer el dolor.

El resultado es un gasto extraordinario del sistema sanitario y tiempo perdido para el enfermo, que suma a sus síntomas los efectos secundarios de la polimedicación y la frustración. Frustración compartida también por los médicos que quieren ayudar al paciente pero se sienten impotentes por falta de tiempo en las consultas y recursos para atenderlos de una forma multidisciplinar como merecen.

 

 

Fuente: AFIBROM- EFE