Nutrición

La flora intestinal cumple funciones metabólicas y protectoras

La flora intestinal es un gran conjunto de más de 100 trillones de bacterias con más de 400 especies que viven en el aparato digestivo de los seres humanos. Estos microorganismos se encuentran desde la boca hasta la parte final del intestino grueso, en donde cumplen con diversas funciones.
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La flora intestinal cumple funciones metabólicas y protectoras

Ayuda a la fermentación de los carbohidratos y la putrefacción de proteínas, para generar ácidos grasos de cadena corta, que a su vez son responsables de sintetizar vitaminas como la K, esencial para prevenir hemorragias, algunas del grupo B, como la B12, B6 o B1; facilitar la absorción de minerales como calcio, magnesio y hierro y alimentar a las células que componen la pared intestinal. Es decir, que aunque usted se alimente todos los días, si no tiene una flora bacteriana sana, no podrá aprovechar todos los nutrientes que consume.

Otras funciones importantes de estos microorganismos se expresan en la mejora de la actividad del sistema inmunológico -esencial en la prevención de alergias y males mayores como cáncer-, producción de enzimas digestivas y la inhibición de virus como el rotavirus, por ejemplo.

Para evitar alteraciones que desequilibren la flora intestinal es conveniente, en primer lugar, seguir una dieta balanceada, evitar consumir alimentos en lugares poco higiénicos, preparar los comestibles con las máximas medidas de limpieza (desinfectarlos y, en su caso, cocerlos adecuadamente) y lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño.

Asimismo, no hay que administrarse antibióticos en forma repetida y sin prescripción médica, pues ello condiciona a que la flora bacteriana se destruya y, en consecuencia, el intestino queda desprotegido frente a las agresiones.

Es importante consumir determinados alimentos que contribuyen a su regeneración y equilibrio, como los prebióticos, los probióticos, además de fibra insoluble y de ser necesario, suplementos de cultivos de bacterias y levadura de cerveza, sobre todo si se ha atravesado un tratamiento con antibióticos, que arrasa toda la flora, tanto la beneficiosa como la dañina.

Los prebióticos -rábanos, berro, cebolla, ajo, espárragos, alcachofas- contienen sustancias no digeribles que estimulan el crecimiento y la actividad de una bacteria o de un número restringido de ellas en el colon.

Mientras, los probióticos -yogurt, kéfir, miso (un subproducto de la soya, empleado en la cocina japonesa), chucrut (repollo agrio), suero- aportan organismos beneficiosos como los lactobacilus y los bífidos.

La levadura de cerveza, que se puede adquirir en copos o en pastillas en tiendas naturistas, sana la flora intestinal desde la raíz pues tiene "un especial efecto contra las bacterias colli y los hongos del género Cándida", señala Iona Purtí en su libro Guía de los suplementos dietéticos (Barcelona : Integral, 1998), permite el restablecimiento de las barreras inmunológicas y la disminución de la putrefacción intestinal.

Además de una alimentación que privilegie los alimentos prebióticos y probióticos, consumir frutas y vegetales en forma abundante, además de unos dos litros de agua le ayudarán a conservar sana su flora intestinal, entre otras cosas porque alejará el estreñimiento, que promueve la concentración de toxinas y microorganismos nocivos que atacan la flora sana.