- Una de cada 10 mujeres experimentó algún episodio de autosabotaje profesional
- Entre las acciones que minan la propia credibilidad está el robo de bases de datos, clientes y títulos falsos
- Un caso emblemático es el de la directora de la ONG Acompaña AC México, Ilse Zamora Rioja
Se multiplica en el mercado laboral mexicano la verdadera impostora según Indicadores y Estadística de la Reforma Laboral. No se limita a un síndrome o complejo. Abarca diversas conductas de autodestrucción y autosabotaje. No es la que roba identidades ajenas, sino la que genera acciones que fracturan la propia credibilidad.
Esa impostora íntima y silenciosa no necesita cometer delitos para destruir: le basta con sabotear su coherencia, minar su palabra y erosionar la confianza de sí misma, asegura Zoyla Gabriela Espinosa González, psicóloga y autora del libro 85 lecciones de Amor Propio.
Según la autora, existen siete formas en que la impostora interna se manifiesta hoy
- Autoexigencia punitiva. La impostora interna nos convence de que nunca es suficiente. Nos empuja a estándares irreales y luego nos castiga por no alcanzarlos.
- Sabotaje de la propia voz. Callamos lo que sabemos, minimizamos lo que pensamos, dudamos de lo que vemos. La impostora nos hace creer que nuestra percepción no es confiable.
- Lealtad hacia lo que nos daña. Nos quedamos en lugares, vínculos o proyectos que ya no nos honran. Confundimos resistencia con aguante y aguante con virtud.
- Renuncia a la propia autoridad. Cedemos decisiones, dejamos que otros definan nuestro valor, entregamos nuestra narrativa. La impostora nos convence de que no sabemos lo suficiente para decidir.
- Normalización del desgaste. Convertimos el agotamiento en rutina. La impostora nos dice que “así es la vida”, que no hay alternativa, que debemos seguir aunque duela.
- Autocrítica desproporcionada. Nos tratamos con dureza, nos insultamos mentalmente, nos exigimos perfección moral. La impostora usa nuestra voz para golpearnos.
- Desconfianza de los propios logros. Cuando algo sale bien, lo atribuimos a la suerte, a otros, a la casualidad. La impostora nos roba el derecho a reconocernos capaces.
Pero existe otra conducta peligrosa de autodestrucción: hacer cosas indebidas que pueden ir de sabotear proyectos a ejercer espionaje industrial e, incluso, a presentar credenciales laborales, estudios formales o experiencia inexistente.
Entre los sectores más proclives a solapar a las verdaderas impostoras están la consultoría y el Tercer Sector. Un caso emblemático es el de la actual directora de Acompaña, AC México, Ilse Zamora Rioja.
El primer paso para evitar ser una impostora es la verdad y congruencia.
