3 6 9

(Multimedia) Comentario de Xinhua: El monstruo de la deuda estadounidense se descontrola

BEIJING, 20 ago (Xinhua) — La gigantesca deuda federal de Estados Unidos superó oficialmente hoy jueves los 40 billones de dólares, alcanzando así otro máximo histórico.

Este hito es algo más que una cifra astronómica. Es una advertencia sobre un problema fiscal que Washington lleva décadas aplazando. La acumulación de deuda estadounidense se asemeja al monstruo de Frankenstein: una criatura creada por su propio artífice que ha crecido hasta escapar de su control. El endeudamiento, concebido en un principio como una solución temporal, se ha convertido en una dependencia permanente para la mayor economía mundial, mientras el ajuste de cuentas se pospone indefinidamente y los riesgos recaen cada vez más sobre el sistema financiero global.

El aumento acelerado de la deuda estadounidense resulta asombroso. Estados Unidos tardó unos dos siglos en alcanzar un billón de dólares de deuda federal. Sin embargo, los siguientes hitos se sucedieron a un ritmo vertiginoso: la deuda pasó de 10 billones de dólares en 2008 a 20 billones en 2017, antes de superar los 30 billones en 2022. Solo hicieron falta unos cuatro años para sumar otros 10 billones.

Más preocupante aún es que el monstruo de la deuda se alimenta cada vez más de sí mismo. Detrás de cada nuevo ciclo de endeudamiento se encuentra otro intento de aplazar el ajuste de cuentas hacia el futuro.

Si bien el gasto en prestaciones sociales, que se ha disparado, los crecientes costes de los intereses y los desequilibrios fiscales crónicos han hecho que la deuda de Estados Unidos no deje de aumentar, su adicción a la expansión militar en el extranjero no ha hecho más que echar más leña al fuego fiscal.

Solo en 2024, Estados Unidos destinó casi un billón de dólares a su gasto militar, equivalente al 37 por ciento del gasto militar mundial. El precio de ese reflejo hegemónico sigue aumentando: cinco meses después del inicio de la guerra con Irán, el Pentágono cifró en 37.500 millones de dólares el costo del conflicto y solicitaba decenas de miles de millones adicionales.

Mientras las aventuras militares estadounidenses en el extranjero han dejado a su paso sufrimiento y destrucción, el creciente endeudamiento del país está teniendo repercusiones cada vez mayores más allá de sus fronteras. Décadas después del nacimiento del sistema de Bretton Woods, el dólar sigue siendo la principal moneda de reserva mundial, mientras los bonos del Tesoro estadounidense ocupan un lugar central en los mercados financieros globales.

Cuando Estados Unidos mantiene altas tasas de interés para hacer frente a la inflación y las presiones fiscales, el capital tiende a fluir hacia activos denominados en dólares. Esto puede ejercer presión sobre otras economías al debilitar sus monedas, elevar los costos de endeudamiento y endurecer las condiciones financieras.

Más importante aún, el crecimiento desenfrenado de la deuda estadounidense está erosionando gradualmente la confianza en la estabilidad del sistema financiero internacional. Como advirtió el Fondo Monetario Internacional (FMI) a principios de este año, el aumento de la deuda estadounidense plantea un “riesgo creciente para la estabilidad” tanto de la economía estadounidense como de la mundial.

El umbral de los 40 billones de dólares de deuda debería servir como una nueva llamada de atención para Washington y una nueva advertencia para el resto del mundo. El monstruo de Frankenstein de la deuda no fue creado de la noche a la mañana, sino mediante décadas de decisiones políticas que priorizaron las ganancias a corto plazo sobre la responsabilidad a largo plazo. Continuar endeudándose para aplazar reformas difíciles solo permitirá que el problema crezca y sea cada vez más difícil de contener.

De cara al futuro, con unas divisiones partidistas cada vez más encarnizadas, los políticos de Washington parecen cada vez más incapaces de abordar de raíz el problema crónico de la deuda de su país. No están dispuestos a subir los impuestos y arriesgarse a perder el apoyo de los votantes, sobre todo de los más ricos, pero se muestran igualmente reacios a frenar el desmesurado gasto en defensa. Lo más probable es que Washington siga endeudándose, acumulando deuda tras deuda para financiar su costosa búsqueda del dominio mundial.

En la novela gótica “Frankenstein”, el científico y su monstruo terminan enfrentándose al mismo destino, destruidos por las fuerzas que ellos mismos pusieron en marcha. Estados Unidos corre un riesgo similar: el monstruo de la deuda que ha creado podría terminar destruyendo tanto a la criatura como a su creador.

Por ello, los países de todo el mundo deberían prepararse para las consecuencias, fortalecer su resiliencia financiera y trabajar juntos para reducir las vulnerabilidades del sistema financiero internacional. Hay demasiado en juego como para esperar a que Washington cambie de rumbo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

3 × five =