(Multimedia) Enfoque de China: Un profesor estadounidense jubilado teje un nuevo hilo en la amistad entre China y Estados Unidos
BEIJING, 3 sep (Xinhua) — “Las historias nunca terminan”.
El martes, en un aeropuerto de Beijing, el profesor estadounidense jubilado Ronald Sakolsky abrazó a su amiga china de toda la vida, Yin Yuzhen, pionera en la lucha contra la desertificación, antes de abordar su vuelo de regreso a casa. Ambos estaban emocionados hasta las lágrimas.
Veintiséis años atrás, Sakolsky brindó apoyo a Yin en sus esfuerzos por reverdecer las arenas de Mongolia Interior. A su regreso, no solo encontró árboles que se extendían por las dunas, sino también una amistad que había perdurado silenciosamente a lo largo de las décadas.
UN NUEVO RETOÑO, 26 AÑOS DESPUÉS
El tan esperado reencuentro los llevó de vuelta al mismo lugar donde la amistad entre Sakolsky y Yin echó raíces: la Tierra Arenosa de Maowusu.
En 1999, Sakolsky daba clases en China cuando vio un reportaje televisivo sobre Yin y sus incansables esfuerzos por plantar árboles en el terreno arenoso. Conmovido por su determinación, contactó con más de una docena de organizaciones en Estados Unidos y finalmente recaudó 5.000 dólares para apoyar su causa. Yin utilizó el dinero para comprar más de 50.000 plantones y colocarlos en la arena.
Cuando Sakolsky pisó por primera vez este trozo de arena en la región autónoma de Mongolia Interior, en el norte de China, en el año 2000, los plantones eran tan frágiles que dudaba de que sobrevivieran. “Esto es imposible”, le dijo a Yin entonces.
Sin embargo, el 24 de agosto de 2026, cuando Sakolsky volvió a visitar Maowusu, hileras de álamos, pinos y cipreses se alzaban entre las dunas hasta donde alcanzaba la vista. Las áridas arenas que recordaba se habían convertido en un oasis ecológico.
Mientras se acercaba a un álamo que había plantado con Yin 26 años atrás, Sakolsky no podía creer lo que veían sus ojos. “¿Ese árbol? ¡Dios mío! Cuando lo planté, jamás imaginé que crecería tanto”.
Más tarde, frente al bosque, plantaron juntos un nuevo retoño. “Planta un árbol de la amistad en Mongolia Interior”, rezaba un cartel cercano. Sakolsky firmó el cartel mientras el mar de vegetación que se extendía tras ellos abrazaba al joven árbol. “Es como un recién nacido”, exclamó.
Hasta la fecha, incluyendo los árboles financiados gracias a los esfuerzos de Sakolsky, Yin y su familia han plantado árboles en 70.000 mu, una superficie equivalente a unos 6.500 campos de fútbol reglamentarios. Álamos, tuyas orientales, abetos y pinos silvestres de Mongolia ahora susurran con la brisa mientras los pájaros cantan.
Las cifras oficiales muestran que se ha restaurado aproximadamente el 85 por ciento de Maowusu. Entre 2021 y 2025, China aportó aproximadamente una cuarta parte del aumento mundial de vegetación y rehabilitó cerca de 152 millones de mu (más de 10 millones de hectáreas) de tierras desertificadas.
REGRESO AL AULA
La generosidad de Sakolsky al plantar vegetación fue solo un capítulo de su estancia en el país. Su verdadero escenario, por aquel entonces, era el aula de una escuela en la provincia de Henan, en el centro de China.
El 29 de agosto, regresó a la Escuela Secundaria de Idiomas Extranjeros de Luoyang. En la pizarra del aula se leía: “Bienvenido a casa, S.”. Al ver a sus antiguos alumnos frente a él, a Sakolsky se le llenaron los ojos de lágrimas. Señaló la palabra “NUNCA” impresa en su camiseta y dijo: “Nunca los he olvidado”.
En 1999, durante un programa de intercambio docente de un año, Sakolsky visitó esta escuela por primera vez. Algunos de sus antiguos alumnos se han convertido desde entonces en profesores.
“Un maestro enseña a un alumno, el alumno se convierte en maestro y más personas aprenden sobre educación”, dijo. “En esta unidad, siembro una semilla, se convierte en un árbol, y más árboles forman un bosque”.
A lo largo de los años, gracias al programa, más de 300 maestros chinos han viajado a Estados Unidos para enseñar en escuelas primarias y secundarias. A su vez, más de 100 educadores estadounidenses han venido a China para realizar intercambios docentes.
En un evento de intercambio docente entre China y Estados Unidos, celebrado el lunes en Beijing, Sakolsky se reunió con representantes de ambos países participantes en el programa.
Zhou Xiangli, maestra de la Secundaria Superior de la Academia de Beijing, recordó haberse hospedado con la familia de Sakolsky durante su intercambio en Estados Unidos. “Me recibieron con los brazos abiertos y me llamaban ‘quinta hija'”, narró.
Con el apoyo de Sakolsky, visitó más de 20 escuelas locales durante su estancia en Estados Unidos, compartiendo con niños estadounidenses una visión real y multidimensional de China.
Estos intercambios, por pequeños que parezcan, forman parte de una historia mucho más amplia. Han añadido un nuevo hilo a la larga historia de buena voluntad entre los pueblos de China y Estados Unidos, desde los pilotos voluntarios estadounidenses que lucharon junto a las fuerzas chinas durante la Segunda Guerra Mundial hasta la histórica visita de un equipo estadounidense de tenis de mesa a China en 1971 y, más recientemente, las décadas de actuaciones de la Orquesta de Filadelfia en el país.
“El pueblo chino me recibió con los brazos abiertos”, dijo Sakolsky. “Lo que nos une a todos es el cariño que me han demostrado”. ■


