LANZHOU, 11 sep (Xinhua) — A comienzos del otoño, las laderas de Longnan, una ciudad de la provincia noroccidental china de Gansu, se tiñen de verde. A ambos lados del río Bailong, los olivares se extienden hasta las montañas, formando uno de los paisajes agrícolas más característicos de la zona.
Longnan es hoy la mayor región productora de olivas de China. En 2025, la superficie cultivada alcanzó los 1,2 millones de mu (80.000 hectáreas), con una producción de 65.000 toneladas de aceitunas frescas y 9.000 toneladas de aceite de oliva virgen extra. El valor integral de la industria superó los 5.000 millones de yuanes (737 millones de dólares). En superficie cultivada, producción de aceitunas, capacidad de procesamiento y beneficios económicos, Longnan ocupa el primer lugar a nivel nacional.
De acuerdo con Zhang Zhengwu, subdirector de la Academia de Silvicultura No Maderera de Longnan, el origen de todo esto se remonta a hace más de medio siglo.
Originario de la región mediterránea, el olivo se cultiva ampliamente en países como España, Grecia e Italia. En 1975, el distrito de Wudu, en Longnan, comenzó a introducir esta especie. El valle del río Bailong presenta unas condiciones de clima y suelo relativamente similares a las del Mediterráneo, lo que ofrecía un entorno favorable para su desarrollo.
Sin embargo, la expansión también puso de manifiesto nuevos desafíos. Los campesinos observaron que algunas variedades introducidas inicialmente producían de manera irregular y presentaban una marcada alternancia entre años de alta y baja cosecha.
Para superar este obstáculo, se creó el Instituto de Investigaciones del Olivo, subordinado a la Academia de Silvicultura No Maderera de Longnan, que comenzó a invertir en investigación, incorporar especialistas y establecer laboratorios.
Uno de los primeros retos fue encontrar variedades de mayor rendimiento. Deng Yu, entonces director del instituto, recurrió a María Victoria Gómez del Campo, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid, quien había visitado Longnan anteriormente.
La profesora española aceptó ayudar y, junto con estudiantes chinos de su universidad, seleccionó ocho variedades y envió 600 plantones a Longnan.
Tras un período de cuarentena y observación, los plantones fueron sembrados en mayo de 2011 en un campo experimental en Wudu. Los investigadores siguieron durante años el crecimiento, la floración y la fructificación de cada árbol.
“Después de varios años de observación, Arbequina, Arbosana y Koroneiki destacaron especialmente”, recuerda Deng. Las tres variedades comenzaron a dar frutos al tercer año y alcanzaron la etapa de plena producción al quinto. Además, ofrecieron cosechas estables y un buen rendimiento de aceite.
El instituto comenzó entonces a multiplicar estas variedades y a distribuirlas entre los cultivadores. Hoy en día, estos tres “rostros nuevos” procedentes de España ocupan una parte importante de los olivares a orillas del Bailong.
Cuando Deng comunicó a España el éxito de las variedades introducidas en Longnan, la profesora se alegró mucho y viajó personalmente a China para ver los árboles que había ayudado a introducir.
De acuerdo con la especialista, había seleccionado aquellas variedades pensando que podrían adaptarse al entorno de Longnan, pero no esperaba que fueran capaces de mantener una producción estable incluso bajo las condiciones relativamente secas de la zona. “Es una pequeña contribución al desarrollo de la industria olivarera de China”, dijo entonces con modestia.
Con el tiempo, la colaboración entre científicos de ambos países se convirtió también en un intercambio de conocimientos y profesionales.
En 2018, Deng y su colega Liu Ting viajaron, a invitación de Gómez del Campo, a la Universidad Politécnica de Madrid para participar en un curso internacional sobre tecnología del olivo y cata de aceite de oliva.
Fue allí donde Deng descubrió que en la región mediterránea el aceite de oliva, al igual que el vino, tiene su propio sistema de cata y especialistas dedicados a evaluar sus características sensoriales.
“Entonces me di cuenta de que catar aceite de oliva también es una disciplina que requiere muchos conocimientos”, recuerda.
En aquel momento, China contaba con pocos profesionales especializados en la evaluación sensorial del aceite de oliva. Entonces, Gómez del Campo le recomendó ponerse en contacto con el Consejo Oleícola Internacional (COI), con sede en Madrid.
Tras el curso, Deng visitó el COI, donde recibió una cálida acogida. Aunque China ya figuraba en los registros y mapas internacionales de zonas productoras de oliva, la formación de catadores en el país todavía no se ponía en marcha.
Por eso, Deng propuso organizar cursos de formación de catadores en China, y para ello recibió el apoyo de Ender Gunduz, entonces funcionario del COI.
Desde 2018, el COI ha organizado cursos de nivel básico, intermedio y avanzado en Beijing, Longnan, Chengdu y Kunming. Más de 300 participantes chinos han recibido formación y más de 20 han obtenido certificaciones como catadores.
Deng es uno de ellos. Durante los últimos cinco años, ha ejercido como juez en competiciones internacionales, incluido el Concurso Internacional de Oliva de Australia, evaluando a ciegas muestras procedentes de diferentes regiones productoras de todo el mundo.
Recientemente, Wudu acogió por primera vez la división china de este concurso. Un total de 24 muestras procedentes de España, Grecia y otras zonas productoras fueron enviadas a Longnan, donde siete jueces chinos las evaluaron a ciegas.
“Antes enviábamos nuestras muestras al extranjero y esperábamos la evaluación de los jueces internacionales. Esta vez estamos en casa, evaluando muestras de todo el mundo y mostrando la profesionalidad de los especialistas chinos”, dijo Liu Ting, quien participó por primera vez como jueza en esta edición.
Para Ma Tong, subgerente general de la empresa Longnan Xiangyu Olive-Oil Development Co., Ltd., la celebración de la competición en Longnan tiene también un significado especial. En 2018, el aceite de oliva virgen extra de la empresa obtuvo una medalla de oro en esta misma competición.
“Ocho años después, el certamen llega a Longnan, lo que supone un gran estímulo para toda la industria”, afirma Ma, y añade que espera que la celebración del evento contribuya a elevar el reconocimiento internacional del aceite de oliva de Longnan y su competitividad en el mercado.
Hasta la fecha, productos de Longnan, entre ellos su aceite de oliva virgen extra, han obtenido más de 100 premios internacionales.
De la introducción de variedades al cultivo de talento, del envío de muestras al extranjero a la evaluación de aceites internacionales en casa, la evolución de la industria olivarera china refleja una historia más amplia de intercambio y aprendizaje mutuo.
“Gracias a la cooperación internacional, especialmente con España, la industria olivarera de China ha pasado de cero a una presencia cada vez más sólida”, señala Jiang Chengying, subdirectora de la Academia de Silvicultura de Gansu, y agrega que los aceites producidos en China ya compiten con los de las principales regiones productoras del mundo, al tiempo que cada vez más catadores chinos participan en competiciones internacionales.
“La oliva ha sido testigo de una profunda historia de intercambio entre el Oriente y el Occidente”, afirma Deng, y remata en tono optimista diciendo: “Espero que este puente de amistad, como los propios olivos, permanezca siempre verde y siga dando frutos año tras año”. ■


