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Qué Catarro con Catar, más de 7 mil años de antigüedad

Ayer una tripa de perlas, hoy una tripa atiborrada de hidrocarburo harto codiciada.

Catar es una tripa salida de la península arábiga que mide 11,571 km², 128 m menos que Querétaro. En el 2010 dieron la ridícula (por exorbitante) cantidad de $250 mil millones de dólares, entre otras cosas para que a través del Mundial el mundo se entere de que existen (antes de que los vecinos se los traguen).

Este hecho no tiene precedente, aunque no es la primera ni la última vez que se utiliza al fútbol como arma política. Mussolini lo hizo en 1934 para que el mundo aplaudiera el fascismo. En su diario, el angelito insuperable de la maquinaria propagandista Nazi, Joseph Goebbels, escribió: “Ganar un partido era más importante para la gente que invadir una ciudad del este de Europa”.

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En Argentina, mientras se jugaba el mundial, en 1978, se asesinaban a decenas de miles de ciudadanos. Y no olvidemos el mundial de ese gran pícaro violador de los derechos hasta de las termitas, Putin, en 2018. No en balde está acuñado el término Futbolítica.

Sin embargo, sí que es la primera vez que el fútbol se utiliza para demostrar de lo que una tripa es capaz cuando tiene demasiado dinero, con tal de que el mundo la volteé a ver y le dé validez geopolítica.

Y no es para menos, sobre todo cuando eres una vulnerable tripa atiborrada de hidrocarburo (especialmente gas natural, del que la guerra con Ucrania está haciendo al mundo padecer) y sólo tienes de vecinos a los camellos traviezones de Irán, Iraq y Arabia Saudita, quien se las tiene guardadas a Catar por haberse independizado de su club de Toby (Liga Árabe), en 1971… ¡Ai nomás!

Catar tiene 2.9 millones de habitantes, de los cuales sólo 300 mil son ciudadanos con derechos.

Hoy en día, Catar, donde un dromedario tiene más derechos que la mujer, tiene 2.9 millones de habitantes, de los cuales sólo 300 mil son ciudadanos con derechos. Los demás son familias indias o paquistaníes de segunda generación, gente de paso en negocios y trabajadores de todo el mundo: los filipinos le entran al empleo doméstico, los africanos al taxismo o a ser guardias de seguridad y los millones restante a construir en condiciones humillantes lo que se les ocurra a los catarros para crear la ilusión en el desierto de que viven más padrote que Ivanna Trump, con todo y colmillo de elefante de perchero, pata de rinoceronte de cenicero y toilet de oro.

Catar tiene 2.9 millones de habitantes, de los cuales sólo 300 mil son ciudadanos con derechos.
Catar

La esclavitud está en el DNA cultural de los catarrines. Por eso no debe asustarnos que los 8 estadios, los cerca de 100 hoteles, las 3 líneas del metro desde cero y un faraónico aeropuerto internacional se construyeran, en pleno desierto y bajo temperaturas despiadadas, en tiempo récord para el Mundial: ¡no había de otra!

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Y siempre ha sido así: a finales de los 40as del siglo pasado el edificio más alto de Catar tenía dos pisos (un fuerte militar construido durante el imperio Otomano en el siglo XIX). Hoy la capital, Doha, tiene más de diez edificios arriba de los 200 m y uno de 300 m, el Aspire Tower (el más alto de CDMX, la Torre Reforma, tiene 240 m, y nomás es uno). ¿Habrá albañiles catarrines? No lo creo.

Una tripa de perlas

El terreno de esta tripa es desértico con rocotas adormiladas aquí y allá, lo que hace que del suelo no nazca ni un chícharo a mentadas.

El suministro de agua dulce siempre fue extremadamente escaso, por lo que la única vegetación natural era una hierba gruesa y maleza raquítica (como el peluquín de Trump), que llevó a un pastoreo nómada bastante triste por parte de los nómadas originarios de por allá, los beduinos (del árabe badawi, moradores del desierto). A partir del siglo VII los beduinos se expandieron hasta cubrir prácticamente todos los países de la costa mediterránea.

Ahora bien, hay varias clases de estos nómadas; los de a de veras son aquellos que vemos en las famosas caravanas atravesando el desierto a pasito tún-tún. Ellos solo ingresaban a Catar desde el continente árabe durante los meses de invierno, cuando las lluvias, aunque leves, permitían el crecimiento de matorrales; el resto del tiempo permanecieron en Néyed.

El norte, este y oeste de la tripa están rodeados por agua. Por eso, a diferencia de los territorios árabes del golfo pérsico, todos los pueblos y aldeas de Catar fueron solamente costeros (no hubo asentamientos en el interior). Dependían comercial y políticamente de sus vecinos, pues la mayor parte de los alimentos siempre fueron importados, junto con materiales tan esenciales como la madera para los barcos, pues la pesca, la navegación y la extracción de perlas fueron las únicas ocupaciones de los habitantes.

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El bísnes de las perlas en la península arábiga tiene más de 7 mil años de antigüedad; por lo mismo era el principal modus vivendus de los catarrines. Normalmente se trataba de una empresa familiar que funcionaba bajo un patrón estricto de valores ancestrales.

Antes de salir a la pesca se acostumbraba a hacer un pacto entre todos los involucrados de no pelearse durante la temporada (gaffal). Inclusive las tribus enemistadas a menudo se anclaban pacíficamente una al lado de la otra. Ya después se arrancaban el turbante o violaban al camello favorito del vecino, pero no durante la gaffal.

Los barcos, hechos por carpinteros persas y de la isla de enfrente, Baréin (bastante rumbosa, por cierto), transportaban alrededor de 16 hombres. Salían hacia los bancos de perlas en mayo y regresaban hasta fines de septiembre. Es interesante notar que los capitanes, o thenakhodá, encontraban los bancos de perlas por medio de la guía del sol, las estrellas, los colores y la profundidad del mar.

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La vida en el barco era dura y peligrosa. Capitanes, buzos, operadores, cocineros y aprendices convivían en un espacio reducido, bajo un calor de cien monjas metidas en un costal de lana en Mexicali.

Al buzo se le ponía una argollota de madera en las narices (algo grandes), de donde se amarraba una larga cuerda de la que tiraba cuando ya no aguantaba la respiración. Con una red llena de piedras en el tobillo (al hessa) y otra amarrada al cuello, para poner el molusco recolectado, el buzo tenía que zambullirse unas 50 veces al día (hoy en día se avientan hasta 300).

Buceaban a una profundidad aprox. de 5 m (hoy en día se sumergen hasta 30 m sin ayuda de tanques). Por lo regular aguantaban un par de minutos sin respirar apañando cuanta perla pudieran antes de salir, claro, si no se los almorzaba el tiburón, se los llevaban las fuertes corrientes submarinas o eran apapachados por las nada simpáticas aguamalas.

Por supuesto los buzos tenían la chamba más difícil y morían como moscas. De aquí que el segundo bísne más importante de los catarrones era el fino arte de corretear y pillar a cuanto negro se pudiera para esclavizarlos y utilizarlos en este oficio.

Esto es bastante importante para entender que jamás hubiera prosperado esta región sin la mano esclava. Como decía al principio, la trata humana está arraigada profundamente en la cultura catarrita. Inclusive, una vez que Catar se convirtió en protectorado británico, en 1916, las autoridades encontraron imposible eliminar la esclavitud, particularmente cuando se trataba de esclavos domésticos que preferían la estabilidad económica de un techo garantizado sobre sus cabezas (especialmente ya en la década de 1930, cuando las dificultades financieras estuvieron en su punto más alto).

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Cuando terminada el día de trabajo todos se reunían a abrir conchas, mismas que almacenaban para después. Las perlas eran separadas según su tamaño y color, que es lo que les da su valor. Entonces a las conchas se les sacaban de la parte interna del caparazón una especie de mucosa o baba, el famoso nácar, que el bicho segrega para reparar su caparazón dañado o para encapsular (enquistar) objetos extraños dentro de su organismo, que es lo que se convertirá después de 10 años en perla:

El molusco para defender sus tejidos de cualquier irritación, segrega una combinación de aragonito, calcita y conquiolina denominada nácar. Esta operación se realiza de forma cíclica, procurando que el material secretado se superponga en capas que, una encima de la otra, dan vida a lo largo de los años a las perlas” (Espada, 2021).

La pasta de nácar se utiliza mucho en la industria de las cremas, para adornar objetos de marquetería y ebanistería fina, botones y joyería, aunque curiosamente los japoneses lo utilizan como medida de seguridad en el Yen (en los márgenes de los billetes hay una línea semitransparente impresa con tinta de nácar).

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Para los catarros el mercado de las perlas siempre fue fiel y los mantuvo contentos, hasta la década de los 30as del siglo pasado que el negocio recibió un golpe devastador del cual nunca se recuperó, producido por la ola de expansión que la depresión económica internacional de 1929 provocó. Este hecho poco a poco disminuyó sensiblemente la demanda de artículos de lujo, coincidiendo con la introducción en los mercados mundiales de la perla cultivada japonesa. El gran revés económico en toda la región del golfo condujo a un período de penurias sin precedentes durante el cual apenas se vendía un puñado de perlas al año…

¡hasta la llegada del maldito petróleo!

Actualmente los catarritos son los compradores de artículos de lujo más entusiastas del mundo, lo que significa que, a pesar de la generosidad del Estado y todo su petróleo, están enormemente endeudados: tres cuartas partes de las familias deben al menos 70.000 dólares.

Pero nada, hoy en día, con nuestra gran complicidad moral que aplaude la esclavitud de hombres y mujeres con tal de tener pan y circo futbolero, sabemos dónde está el Catarro, aunque sea por televisión.

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geraustralias@gmail.com

Fuentes:

Espada, B. (2021, noviembre 19). Cómo se forman las perlas naturales y cómo diferenciarlas de las sintéticas.
Goldblatt, D. (Ed.). (2022). How to Get on TV (Vol. 44, Número 22). London Review of Books.
La ardua tarea del “buscador de perlas” en los Emiratos Árabes Unidos. (2021, abril 2). euronews.
—Zahlan, R. S. (1979). The Creation of Qatar. Croom Helm.

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