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Complicaciones post operatorias.

Dr. Leonel Arguello Yrigoyen, Médico especialista en Epidemiología.

En una cirugía siempre se espera salir bien y no presentar problemas posteriores. En mi caso, lamentablemente presente varias, pero no es lo más común. Pero, si no me hubiese complicado no escribiría sobre este aspecto, que es una forma también de compartir para aprender.

Al despertar el dolor abdominal era intenso, le dije a la enfermera todavía medio dormido con la anestesia, que me molestaba tremendamente el ojo izquierdo también, me lo lavaron, pero seguía intensificándose sin que me hicieran caso, y no me salían lágrimas producto de los medicamentos, lo que me ocasionó una abrasión o lesión en la córnea que aún está en etapa de curación. Se descuidaron pues deberían aplicado gel y gotas oftálmicas. 

El dolor y el sofoco es igual que tener una piedrita en el ojo, que no te la podés sacar por siete horas, eso mantuvo mi cerebro ocupado tratando de controlar la situación o lo que se llama auto control, y el dolor de la cirugía fue secundario. La respiración abdominal o diafragmática ayudó mucho, pues te calma, pero por el dolor de las cinco heridas quirúrgicas en mi abdomen no podía respirar muy fuerte. Mis heridas en vez de ser suturadas, cosidas, engrapadas fuero pegadas con goma transparente, es lo más moderno.

Salí en 24 horas del hospital, antes comí, pues pasé en ayunas más de 24 horas previo a la cirugía y si hubiese tenido gallopinto, tortilla y queso, nada hubiese quedado en el plato, pero ya sabemos que las comidas en hospitales no son sabrosas y tampoco el menú ofrecía ese plato típico de lujo. Y como todo post operatorio requieres cumplir el protocolo, dieta líquida, luego blanda y la normal, cada una lleva su tiempo y no podés saltártela. 

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La fiebre que es un signo de alerta y de defensa, se me presentó, lo que atrasó mi curación, además de aumentar mi dolor del abdomen, distendido o inflado por el aire que te ponen para separar las vísceras y tener un espacio más amplio para ver mejor y operar. Este aire tarda en absorberse pues está fuera de los intestinos. 

Me suministran antibióticos, pues la fiebre denota una posible infección bacteriana, pudiendo ser por la sonda urinaria o por una infección en las heridas, las cuáles observo que van sanando bien, aunque de forma rara, pues ves pega transparente en vez del hilo, como ha sido tradicional en las cirugías, cuya ventaja es impedir que se te mojen y protegerte de la infección. 

Todavía con fiebre, me retiran la sonda y pasan más de 10 horas para que me salga un par de gotitas de orina, visito la urgencia médica hospitalaria, y mientras espero, converso con un primo que me acompañó en esta etapa difícil con sus consejos de su vivencia personal, pura solidaridad humana vital, siguen más pinchazos para exámenes y me ponen una sonda para sacar el orín, cuyo dolor a la entrada fue terrible, ya que tenía todo inflamado por dentro. 

A pesar de tomar laxantes, la defecación tarda y cuesta, no sin antes pasar muchas dificultades, pero se logra. Cada pasito de recuperación es un gran logro. 

Pasan cuarenta y ocho horas sin fiebre, más animado y con energía, aunque nunca dejé de alimentarme bien, a armarse de paciencia para que la sonda me acompañará otra semana y a ganar más energía. Confío no tener más problemas, pero uno nunca sabe.

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